¡Indicadores!, me ha dicho Almudena con el índice levantado hacia el cielo. Igualica, igualica que Santa Teresa transida de misticismo. “Son los indicadores, estupido” queriendo emular a la Hillari, a quién tuvo ocasión de saludar y acompañar en sus horas bajas.
No entiendo, la digo, temiéndome otra cifra más que nos situe a, ante, cabe, con, contra, de, desde, ante, para, por, según, sin, sobre, tras algún pueblo ciudad villorrio de la Comunidad de Madrid , que nos minusvalore del pelotón, que se crea instrumento conspiratorio o cualquier otra sandez tan propia de estas tierras al sur del Jarama.
Si no se quiere no se quiere. Esta feo decirlo pero cuando alguien señala algo levantando el dedo al cielo- tal como yo ahora, ¿ves que rebonica y buenorra estoy- solo los malvados y los tontos miran el dedo, dice Almudena.
Pareces Gila, la digo, pero se que que el aforismo es cierto. Algo modificado, pero Almudena es así de creativa y utiliza esa cualidad para sacarnos del maniqueismo de los bipartidistas sectarios, de los seguidores del Tú más, de quienes situan a las personas sensatas en medio del choque de trenes politicos con las mismas políticas cortas, mentirosas y manirrotas. Como si no hubiera otras alternativas o posibilidades si se quiere tenerlas.
El asunto, -dice Almudena-, es que los datos son los datos. Si un dato sobre IPC lo comparas con uno de la misma naturaleza y en el mismo tiempo de, pongamos por ejemplo, Trinidad Tobago, los ciudadanos del país comparado tendrían que darse con un cantico en los dientes de lo buenísima que sería su situación. Pero vamos, no es el caso. Dejemos las cocinas a los cocineros. Ya dirán los comensales si el guiso merecería la pena o hubo que tirarlo a la basura. Voy a ponerme a trabajar sobre indicadores.
Y yo, que desconocía la vena lírica de Almudena, su habilidad para las metáforas y a su capacidad casi unamuniana para engendrar paradojas, amen de otras virtudes y habilidades, he vuelto a quedarme sin habla esforzándome por mirar más allá de su dedo, todavía alzado.
Si no se quiere no se quiere. Esta feo decirlo pero cuando alguien señala algo levantando el dedo al cielo- tal como yo ahora, ¿ves que rebonica y buenorra estoy- solo los malvados y los tontos miran el dedo, dice Almudena.
Pareces Gila, la digo, pero se que que el aforismo es cierto. Algo modificado, pero Almudena es así de creativa y utiliza esa cualidad para sacarnos del maniqueismo de los bipartidistas sectarios, de los seguidores del Tú más, de quienes situan a las personas sensatas en medio del choque de trenes politicos con las mismas políticas cortas, mentirosas y manirrotas. Como si no hubiera otras alternativas o posibilidades si se quiere tenerlas.
El asunto, -dice Almudena-, es que los datos son los datos. Si un dato sobre IPC lo comparas con uno de la misma naturaleza y en el mismo tiempo de, pongamos por ejemplo, Trinidad Tobago, los ciudadanos del país comparado tendrían que darse con un cantico en los dientes de lo buenísima que sería su situación. Pero vamos, no es el caso. Dejemos las cocinas a los cocineros. Ya dirán los comensales si el guiso merecería la pena o hubo que tirarlo a la basura. Voy a ponerme a trabajar sobre indicadores.
Y yo, que desconocía la vena lírica de Almudena, su habilidad para las metáforas y a su capacidad casi unamuniana para engendrar paradojas, amen de otras virtudes y habilidades, he vuelto a quedarme sin habla esforzándome por mirar más allá de su dedo, todavía alzado.
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